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Una de las anécdotas de Mary Kay que más me conmueve es la que me contó uno de los primeros abogados de la empresa, que años después pasó a ser consejero jurídico general de Mary Kay Inc. Fue él quien me contó que la entrevista final, antes de ser contratado por la empresa, fue con Mary Kay Ash. Durante la entrevista con el joven abogado, Mary Kay lo miró a los ojos y le dijo: “Doy por sentado que cuenta con la capacidad jurídica necesaria para desempeñar su trabajo, de lo contrario no habría llegado a esta entrevista conmigo. De modo que esto es lo único que le pido: prométame que en el transcurso de su trabajo, no se limitará a explicarnos lo que la ley dice que podemos hacer, sino que siempre nos aconsejará cómo actuar con integridad”.

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Para mí esta anécdota representa a la perfección la clase de persona que era Mary Kay Ash y la clase de personas que quería en su empresa soñada. Todos los empleados de Mary Kay aprenden que “hacer lo correcto” es uno de los principios fundamentales de nuestra empresa. Para decirlo de otro modo, Mary Kay Ash esperaba que todas las personas asociadas con su empresa actuaran con integridad.

La integridad se define como la firme adhesión a un código de principios éticos y morales; carácter moral sólido; honestidad; incorruptibilidad. Como señaló el célebre autor C.S. Lewis, “la integridad es hacer lo correcto cuando nadie te está mirando”. Asimismo, el escritor Mark Twain declaró que “nunca es un error hacer lo correcto”.

Todos sabemos que no siempre es fácil hacer lo correcto. A veces “lo correcto” se puede complicar porque no está definido con claridad. Las respuestas no son casi nunca “blanco o negro”, siempre hay una zona gris que debemos transitar. Es en esta zona gris donde adquieren relevancia las leyes, normas, políticas directrices y también los procesos, porque todo ello contribuye a definir lo que se considera correcto e incorrecto. Con todo, al final suele ser nuestro propio instinto lo que mejor nos orienta. Mary Kay Ash fue una de las primeras empresarias que percibió la importancia de la intuición como herramienta empresarial. Cuando hay algo que no nos acaba de convencer, probablemente merezca la pena valorar si no hay una respuesta mejor. La intuición puede ser una herramienta muy valiosa para guiarnos a la hora de hacer lo correcto.

Tengo el honor de ser la 5ª consejera jurídica general en los 55 años de historia de Mary Kay Inc. Sé que es mi deber seguir cumpliendo lo que le pidió Mary Kay Ash a mi antecesor hace muchos años: que hagamos lo que sea correcto, honorable y ético, que actuemos con integridad.